Ese estúpido eco de mi mente que golpea con fuerza el silencio dentro de mi cabeza.
Ese vacio, esa sensación, una única taza de desayuno…
Un recuerdo de las paredes verdes y naranjas y mil arrugas en el lado derecho de mi cama…
Una sola voz diciéndome que no soy nada, que todo por gris que parezca se vuelve negro en cuanto apago la luz.
Hablarse a uno mismo, y responderse con amargos pellizcos de realidad.
Intentar dormir, y llorar: aunque solo tu perro entienda que ese instante es solo tuyo, que ese instante se volverá a repetir en cuanto entre el silencio por la ventana y esfume a las estrellas.
Verse a una misma tumbada, dibujando luces en el techo de la habitación, extendiendo la mano y sin llegar a alcanzar nada; perderse por el camino…
Un cigarrillo tras otro, mientras el humo se difumina entre las luces de las calles vacias, un reloj retumba en mi cabeza, y vuelta a empezar…
Debiste quedarte junto aquella pequeña cicatriz, pero parece que te gusta seguir anclada en mi pared, en mi recuerdo y en mil cuadernos olvidados que nunca nadie podrá descifrar…
Aquello era para ti, para que sepas lo que te odio, y lo que me has decepcionado: porque te fuiste y dijiste que no volverías… y ahí estas, ahora meciéndome cada noche…
Vete ya, esfúmate…que te jodan SOLEDAD!